domingo, 8 de febrero de 2015
He aprendido que como mejor se vive es a dos centímetros de la realidad,
que nunca hay que tomarse las cosas muy a pecho y que hay que saber
distanciarse cuando el momento lo requiere. Que como siempre me quedo
con lo mejor de lo vivido. Que eso de andar en círculos no me gusta
porque acabas donde empezaste. Que a veces es mejor dejar que las cosas
suenen a derrota, porque al menos despegaste los pies del suelo. Que hay
cosas que saben a cielo pero hay que dejarlas ir porque duelen como un
infierno. Y que sobretodo, los imposibles no existen, solo depende de
cómo enfoques el problema, y más importante aún, la solución.
Aún recuerdo la primera vez que te vi después de dejar de ser nosotros.
La sensación de nudo en la garganta, de no saber si besarte una, dos, o
ninguna vez.
Esa voz en mi interior que me pedía que fueran trescientasdoce.De repente, escucharme a mí misma diciendo "Te deseo lo mejor", cuando lo que quería decir era "No te vayas""Quédate un ratito, una vida y media" "¿No ves lo estúpidos que somos?""Te echo de menos" "Te quierodio" "He olvidado cómo se duerme sin ti" y mil frases inconexas que luego tuve que ir sacándome una a una de la garganta en los días siguientes. Recuerdo que un "Siempre dijimos que esto no nos pasaría a nosotros" se me quedó clavado en el paladar y tuve que tragármelo como se traga una pastilla; poniendo cara de asco y necesitando agua después. O varios "¿Me puedes venir a buscar al trabajo para hacer algo?" que tuve que ir soltando en conversaciones con otras personas para que no me hicieran bola en el estómago. Aunque lo peor fueron los "Te quiero". Aún los sigo llevando escondidos en diferentes rincones de mi cuerpo. Porque esos no se pueden tragar, no se merecen ser escupidos y no son intercambiables, no se los puedes decir a nadie más. Y eran para ti, para nuestras noches de colores y reflexiones. Así que, aquí están. Deberías venir a llevártelos algún día, como ese par de clavos que te dejaste en mi pecho, ese marca páginas que habita en mi cajón y las sonrisas que te robé antes de irme de tu casa. O no. Quizás ya he aprendido a vivir con todos los te quiero que no te dije.|
Esa voz en mi interior que me pedía que fueran trescientasdoce.De repente, escucharme a mí misma diciendo "Te deseo lo mejor", cuando lo que quería decir era "No te vayas""Quédate un ratito, una vida y media" "¿No ves lo estúpidos que somos?""Te echo de menos" "Te quierodio" "He olvidado cómo se duerme sin ti" y mil frases inconexas que luego tuve que ir sacándome una a una de la garganta en los días siguientes. Recuerdo que un "Siempre dijimos que esto no nos pasaría a nosotros" se me quedó clavado en el paladar y tuve que tragármelo como se traga una pastilla; poniendo cara de asco y necesitando agua después. O varios "¿Me puedes venir a buscar al trabajo para hacer algo?" que tuve que ir soltando en conversaciones con otras personas para que no me hicieran bola en el estómago. Aunque lo peor fueron los "Te quiero". Aún los sigo llevando escondidos en diferentes rincones de mi cuerpo. Porque esos no se pueden tragar, no se merecen ser escupidos y no son intercambiables, no se los puedes decir a nadie más. Y eran para ti, para nuestras noches de colores y reflexiones. Así que, aquí están. Deberías venir a llevártelos algún día, como ese par de clavos que te dejaste en mi pecho, ese marca páginas que habita en mi cajón y las sonrisas que te robé antes de irme de tu casa. O no. Quizás ya he aprendido a vivir con todos los te quiero que no te dije.|
El día que te merezca seré una persona increíble. El día que te merezca
seré, de lo bueno, lo mejor. Me admirarás casi tanto como yo te admiro,
me envidiarás casi tanto como yo a ti hoy. El día que te merezca habré
hecho tanto por ti como lo que tú ya has hecho por mí. Poner cara de que
estás conmigo cuando nadie más lo está. Y ponerla hasta partírtela si
hace falta por cualquier tontería indefendible que se me caiga de la
boca..Y es que el día que te merezca, al resto del mundo, que le den. Ya
sé que nada cambiará demasiado por tu parte el día que te merezca.
Seguirás sin exigir tu cambio, como hasta ahora. Seguirás al otro lado
de mis cosas, como hasta siempre. Mientras tanto, tendrás que
conformarte con lo que hay.
Ahora que lo pienso, es difícil que llegue el día en que te merezca.
Ahora que lo pienso, es difícil que llegue el día en que te merezca.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)