Mi corazón está vacío. Me veo a mí mismo y al contemplarme siento un
profundo desprecio de mi ser. Por mi indiferencia hacia los hombres y
las cosas me he alejado de la sociedad en la que viví. Ahora habito un
mundo de fantasmas, prisionero de fantasías y ensueños.
- Y a pesar de eso no quieres morir.
- Sí que quiero.
- Entonces, ¿a qué esperas?
- A saber qué hay después. Nadie puede vivir mirando a la muerte y sabiendo que camina hacia la nada.
- La mayoría no piensan en la muerte ni en la nada, un día llegan al borde de la vida y deben enfrentarse a las tinieblas.
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